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Una Vuelta por Las Tablas
Por Gonzalo Ardenza


Las tablas, un barrio que  no cree en la crisis

Opinfo.es 05/04/2011: El aire de la cabina de los aviones no se renueva cada pocos minutos. Eso es lo que prometen las compañías aéreas en los folletos que dejan en los respaldos de los asientos, pero la bofetada en mi cara de aire frío y fresco cuando la azafata abrió las puertas del avión, me sacó del adormecimiento del viaje. La Navidad empezaba.

Llevaba varios años por motivos laborales trabajando en un país subtropical en medio de un océano, la Navidad era el mejor momento del año, me solía quedar de dos a tres semanas en Madrid, ciudad donde había nacido y donde había vivido toda mi vida. Era el reencuentro con familia, amigos y todo mi pasado.

Me esperaba mi hermana Palmira a la salida del aeropuerto para llevarme a su casa, donde iba a vivir estos días. Mi familia, y después yo, siempre habíamos vivido en el centro, la M30 siempre me había parecido una lejana frontera inalcanzable. Palmira hacía unos meses se había ido a vivir a un barrio para mi desconocido, Las Tablas. Gracias a Internet, conocía el enorme desarrollo urbanístico que Madrid había tenido en los últimos años pero no era capaz de ubicar ninguno de los nuevos barrios. A mí, Las Tablas, me sonaba a poblado tejano en medio de la nada.

En escasos diez minutos, mi hermana me dijo que ya estábamos en Las Tablas, es cierto que la alegría del encuentro y la conversación ayudó, pero se me hizo un trayecto muy corto.

Circulábamos por una ancha y sin fin avenida. No era el desierto, había vida inteligente. La noche era gélida y eran más de las nueve, los numerosos bares y restaurantes se encontraban llenos de tejanos.

Estaba encendiendo mi móvil español para llamar a mis amigos y quedar esa misma noche, cuando Palmira me dijo que había reservado una mesa con amigos comunes para cenar dentro de diez minutos. Iríamos andando, era en el barrio.

Te vas a sorprender me dijo.

La verdad que sí, un restaurante francés iba a alegrar nuestra cena. Siempre me ha gustado la cocina francesa, mis veranos en Auvernia habían contribuido a la admiración hacía la cocina tradicional francesa.

Lafayette decía el letrero de fuera. Al entrar tuve la sensación de estar en una agradable casa, cálido, pocas mesas, trato cercano y cordial pero sin ese toque pesado de hacerse el simpático que tienen muchos camareros y que acaba saturando. El carpaccio de gambón y el cochinillo confitado fue lo que elegí, muy muy bueno, con ese empaque que tiene la cocina francesa.

Al día siguiente quería ir al centro a dar una vuelta. Amablemente mi hermana había cogido mi vieja moto Triumph y la había llevado en grúa a su garaje, el frío del invierno de Madrid hizo que antes de ir al centro diera una vuelta por Las Tablas para ver de día como era.

Al poco tiempo de estar circulando una nevada me hizo aparcar la moto y entrar en un bar llamado 80 grados, pedí una caña y un pincho, respondía a eso que se llama ahora alta cocina en miniatura. Muy gratamente sorprendido de la calidad de lo engullido y mientras hojeaba un periódico me animé a pedir otro pincho. Al salir a la calle seguía nevando, así que decidí andar un poco.

A pesar de la nevada, había gente por la calle y actividad comercial, di unos pasos y me topé con una tienda, Océano V5, vaya, como donde vivo es bastante aburrido y es una isla, me aficioné al buceo y una de las cosas que debía comprar antes de volver era un chaleco hidrostático. Nunca pensé que pudiera hacerlo al lado de casa. Las agradables sorpresas del barrio continuaban. Una tienda de flores, una de marcos y cuadros donde una encantadora Carmela me apañó un regalo para mi hermana como "pago" por su hospitalidad.

Nieva ligeramente, necesitado de frío tras meses pasando calor, me siento en un banco y mi cabeza barrunta que voy a tener que escribir sobre algunos negocios de Las Tablas, la historieta no da mucho mas de si, pero queridos lectores sé que esto será leído por cantidades ingentes de internautas y yo me debo a mi editor. Sin duda ninguna, he podido comprobar que Las Tablas no sólo es un gran barrio para vivir, es sobre todo un barrio para los negocios, pequeños y grandes. Con magníficos servicios de todo tipo, desde escuelas infantiles como Mi Jardín del Norte, Topochitos, Creativa, y West Garden en las que he podido comprobar sus fantásticas instalaciones y el trato a los niños, hasta espacios de cuidado personal como Mi Momento; Mar de Flores donde las dueñas parecen abejas de lo mucho que cuidan las flores, y Clínica Vass, puntera en sus terapias y tratamientos.

La nevada escampaba, con el metro en la puerta pensé cogerlo para ir por fin al centro, pero deseché la opción y me quedé para seguir descubriendo Las Tablas.